lunes, 25 de enero de 2010

Caminar por encima del hielo...


No es agradable estar encima de un lago congelado...a los no duchos en la materia nos viene un sentimiento de inseguridad, de como si de un momento a otro se fuera a romper y nos fuéramos a colar en las frías aguas…pero nos adentramos porque vemos a otros allí paseando…¿y si todos están equivocados y el hielo se viene abajo? El miedo atenaza, pero el impulso de hacer algo que no se conoce es generalmente más fuerte…la visión de otras personas que tranquilamente van paseando y jugando en esa situación es la que me dio confianza para seguir hacia delante…quizá en momentos de crisis deberíamos ver que hay personas a las que no les da miedo caminar por encima del hielo…




jueves, 21 de enero de 2010

De lo que no se puede cambiar...


Malagueña

A mi Dios me encomendé
hincadito de rodillas

a mi Dios me encomende

que remedio buscaría

para olvidar yo tu querer

y me dijo que no lo había

Cuando cae la nieve lentamente...


Cuando se contempla caer la nieve, uno se da cuenta de que, a pesar de su lentitud pasmosa, en unos pocos minutos, siempre y cuando exista la temperatura adecuada, es capaz de cubrir todo el suelo de blanco.

Quizá si trasladáramos esta reflexión a nuestras vidas podríamos decir que cuando realizamos las cosas de manera pausada, y si las condiciones son las adecuadas, en poco tiempo conseguimos nuestros objetivos.

La paciencia es una gran generadora de bienestar, siempre y cuando los elementos de alrededor sean propicios.






jueves, 14 de enero de 2010

Lo canta José Menese...


Cuándo llegará el momento

que las agüitas vuelvan a su cauce,

las esquinas con sus nombres:

ni reyes ni roques,

ni santos ni frailes.

A la dina dana

Borrico de noria,

vuelta y más vueltas este borriquito ciego,

pero no deja la orilla,

mare de mi alma

del río revuelto.

A la dina di

Ya las tormentas pasaron

las torrenteras están como laguna

serena laguna

y siguen pescando

Tu no pierdas hermano la esperanza

que el mañana llegará

que donde hubo candela

rescoldito queda

y humo saldrá.

Alza la vela y arriba el limón

Matita de romero verde,

ay huele que huele

si el romero no florece,

carne de mi carne,

se muere, se muere.


Cante de José Menese, letra de Francisco Moreno Galván



lunes, 11 de enero de 2010

Minero, al trabajo, minero,...


Que venga la luz del día,

poco le importa al minero

que venga la luz del día

o despierten los luceros

si en lo hondo de la mina

son negros tos los senderos

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Minero, ¿pa qué trabajas,

si pa ti no es el producto?

Pa el patrón son las alhajas,

para tu familia el luto

y para ti la mortaja.


jueves, 8 de octubre de 2009

Mis abuelos


Mis abuelos son santos, aunque no tienen ningún altar en las iglesias. Rezo por ellos porque estoy convencido que tanta bondad y sacrificio que mostraron no se puede haber perdido en el infinito. Son unos santos, pero no anónimos, al menos para mí. Me quieren y me conocen aunque a alguno no llegué a tratarlo en vida.

Mis abuelos son unos héroes, aunque no aparecen en los libros de historia. Trabajaron fuera de convenios colectivos, de Internet, de televisiones de pago, de conciliación de la vida laboral y familiar, de protección social…pero su lucha diaria consiguió tirar un país destrozado por la guerra hacia delante.

Mis abuelos son célebres, aunque ninguno de ellos se llevó el Premio Nobel. Hicieron lo mejor que sabían de la mejor manera posible: transmitir el cariño y el espíritu de sacrificio, los valores humanos por encima de los materiales.

Mis abuelos conocen el mundo, aunque nunca vivieron fuera de La Unión. Conocieron lo que les servía para ser felices y no ambicionaron lo que no les correspondía.

Mis abuelos rezan por mí cada día, por eso yo rezo por ellos.

Mis abuelos tienen fe, esperanza, ilusión,...por eso yo también los tengo.

Cuando la vida produce calambres y alegrías siempre me encomiendo a ellos para que de sus calambres me enseñen y de sus alegrías disfrute.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Aquella luz que entra por la galería...




Del pensamiento de un sabio minero

que no sabía cantar

nació el más bello poema

que se pudiera imaginar:

“¿Quién cantará las penas

que riegan mi pesar?”

solía lamentar.

Mas no se daba cuenta

de que con sus sentidas quejas

de nunca acabar,

otros mineros acompasaban

sus marros al golpear


Héctor M.C.A.